EL CRIMEN DEL CINE ORIENTE
Después que había sido puesta en la calle, sali a vagar sin rumbo.
Ya no había nada. Ni siquiera esperanzas. Mi bolsa estaba vacía.
Había caminado un largo camino, sin pensar.
Pero de repente las cosas se aclararon y me di cuenta de mi realidad.
Recuerdo que estaba lloviendo a mares y que entré en aquel
cine porque no tenía otro sitio donde meterme.

Era domingo, habían dado las diez de la noche y hacía bastante rato que
había empezado la película.
Me senté en la última fila y lo primero que hice fue quitarme los zapatos, que se me habían
puesto perdidos de barro.

La película que estaban echando era de amor y salía una chica rubia con un buen par de melones
y un fulano que llevaba un sombrero con una pluma y un montón de medallas en el pecho.

Un tipo con pinta de príncipe o algo así.
Al cabo de un rato me quedé como un tronco y cuando me despertó el acomodador había salido casi toda la gente. Ya estaban encendidas las luces, pero a pesar de todo me puso la linterna a un palmo de la nariz y me preguntó si pensaba que aquel cine era un hotel. Le contesté que no, que ya sabía que no era un hotel, pero que estaba lloviendo y que aquella noche no tenía otro sitio donde meterme.
Se quedó un rato callado y de repente me preguntó si quería quedarme a vivir con él. Aquello me cogió por sorpresa. Le hice repetir la pregunta y luego le contesté que corría demasiado y que esas cosas tan importantes no se deciden en un abrir y cerrar de ojos. Pero, en aquel momento creí que había ocurrido un milagro. Yo estaba hambrienta y cansada y ya había pasado de
la medianoche.
Acepté la invitación.
La casa estaba en la parte posterior del cine. Cuando llegamos ya había dado las dos de la mañana. No hubo tiempo para ver nada porque estaba vencida por la fatiga. Después de todo esto, había días de mucha felicidad.
Pero, él comenzó emborracharse y darme patadas e puñadas. Hubo noches de verdadero terror. Ya no podía soportar. En una de esas noches después de haber sido brutalmente golpeada , y cuando vi que él había dormido, cogí un cuchillo y lo enterré en su pecho. Tuvo tantas ganas de ser feliz, pero en un momento de desesperación se volvió mi vida en un infierno.
Ahora, la cárcel es lo que me espera.



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